Créditos Hipotecarios 2026. ¿Boom o humo?

El 2025 fue el año récord en otorgamiento de créditos hipotecarios desde 2017.
Una tendencia que reapareció a mediados de 2024 y se consolidó durante 2025, incluso en un contexto atravesado por inestabilidad macroeconómica e incertidumbre política propia de un año electoral.

El 2026 se presenta, como casi siempre, lleno de desafíos. Pero esta vez son distintos.
El respaldo electoral de octubre de 2025 y un año sin elecciones configuran un escenario de mayor estabilidad política. El foco del desafío ya no está en las urnas, sino en quienes toman las decisiones legislativas y ejecutivas.

El crédito, por su parte, tuvo su propio movimiento. Lejos de agotarse por exceso de demanda, comenzó a ajustarse por el lado de la oferta.

Con una capacidad de liquidez limitada, los bancos fueron subiendo las tasas hasta encontrar el equilibrio entre los créditos que pueden ofrecer y los que pueden sostener en el tiempo.

¿El resultado? achicó el universo de potenciales tomadores.
A mayor tasa, mayor costo financiero. Y a mayor costo, se exige una mejor relación cuota–ingreso, dejando afuera a una parte importante de la demanda.

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Los dos grandes desafíos

Hoy entramos en una zona gris: hay créditos, pero para pocos.
Salvo el Banco Nación, la mayoría de las entidades ofrece préstamos con costos superiores al 10% anual + UVA, niveles que vuelven prácticamente inaccesible el acceso a la vivienda propia.

Para revertir esta situación, el problema debe abordarse desde dos frentes.

1. Bajar el costo financiero del crédito

Esto requiere un sistema con mayor liquidez, más oferta y mayor competencia entre oferentes.
Un sistema financiero en crecimiento, con previsibilidad y estabilidad, permite la participación de grandes fondos institucionales que aporten la liquidez que hoy no existe.

En los mercados desarrollados, los fondos de jubilaciones y pensiones —junto con las compañías de seguros— son los principales proveedores de financiamiento de largo plazo.
En Argentina, años de moratorias previsionales y el uso discrecional de esos fondos terminaron debilitando esa fuente clave de liquidez.

Con una macroeconomía ordenada, cumplimiento de obligaciones, baja del riesgo país y estabilidad normativa, las tasas tienden a bajar.
Cuando eso sucede, ingresan capitales, crecen los depósitos y los bancos recuperan la capacidad de otorgar más y mejores créditos hipotecarios.

2. Mejorar el ingreso y la capacidad de compra

Este desafío atraviesa a todos los sectores.
Es cierto que los salarios medidos en dólares pasaron, en promedio, de USD 200 a USD 1.000 en los últimos dos años. Pero también lo hicieron los costos de vida, los servicios y los gastos fijos.

La clave está en la productividad. Mejorarla permite aumentar ingresos reales y, con ello, la relación cuota–ingreso, ampliando el universo de potenciales tomadores de crédito hipotecario.

Para lograrlo, es indispensable avanzar hacia mejores condiciones laborales, con una menor carga fiscal sobre el empleo, de modo que una mayor parte del salario que paga el empleador llegue efectivamente al bolsillo del trabajador.

Este segundo desafío se resuelve —o al menos intenta— a través de reformas laborales, impositivas y previsionales.

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Avanzar en estos cambios no garantiza, por sí solo, que el acceso a la vivienda se vuelva masivo.
Pero sí es cierto que, tal como veníamos, el acceso seguía siendo para pocos… y por poco tiempo.

Quienes hoy conducen y toman decisiones deberán construir alternativas que nos permitan contar con las mismas herramientas que ya funcionan en los países vecinos.

En ese camino parecen estar.
Ese es el verdadero desafío de 2026.

Desde el real estate, tenemos que estar preparados para dar respuesta.