Vender sin querer vender.
Cuando los Inmobiliarios recibimos una casa en común entre dos personas que ya no comparten sus vidas.
“El hogar es un refugio, un espacio que remite a la comodidad, al cuidado y a la protección. Puede pensarse como una prolongación simbólica de la primera experiencia de cobijo en el útero materno. La casa, entonces, en tanto primera envoltura ofrece cuidado y sostén, aunque no todas las casas logran constituirse en un verdadero hogar.” (1)
El Inmobiliario como figura de confianza en tiempos de conflicto.
Ayer había una casa. Que más que una casa era un plan de vida. Hoy hay un problema. Foco de conflicto y de reproches en el 99 % de los casos. Sucede que por lo general queda uno de los dos ocupando el techo en común y el otro se va a alquilar. Hay que tomar una decisión: vender y repartir.
El rol del Inmobiliario en estos casos ocupa un lugar clave. Se vuelve el mediador que quizás nunca tuvieron. Debe dar su máxima destreza para ponerse en el lugar del otro: llevar fuerza, ánimo, entusiasmo, contención, escucha y por sobre todas las cosas confianza. Dando por sentado el asesoramiento profesional y conocimiento de mercado que hay que dominar en todos los casos.
“Con lo que me queda no me alcanza para nada”
No te compras nada de tu vieja vida. Ahora ambos se tienen que construir su nueva trama. Dar paso a lo nuevo, buscar en ellos y en el hogar que van a tener que armar solos. Y digo solos porque la ayuda puede estar de una nueva pareja, amigos, familia, etc; pero la singularidad va a tener que salir del dueño. El desafío será tratar de no repetir el ideal construido, dar paso a la novedad y ahí te va a alcanzar. Si nunca hiciste un asado no vas a comprarte casa con parrilla, duelá esa parrilla, ya está, no es tu foto.
Patrón similar se da en los nidos vacíos. Llevo bastante tiempo visitando casas con matrimonios que, al caminar la propiedad repiten frases de su vieja vida.
- Acá no me entra nada. ¿Dónde guardo la máquina de cortar el pasto?.
- Usted a partir de ahora va a tener jardinero. Ya no va a tener el galpón que tenía cuando vivía con sus cuatro hijos.
Para comprar una casa nueva hay que duelar la etapa pasada. Sino nunca va a alcanzar ni la plata ni la casa. Aceptar es la llave para trascender y subir de escalón. El que se quede mirando el árbol no va a poder avanzar y al final de todo hay un bosque y es hermoso.
¡No te lo pierdas!
- Lic. Agustina Castillo “Cuando los úteros hablan”; Pág.135.
Laura Mateos. Asesora Inmobiliaria.




